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jueves, 1 de enero de 2015

George Hogg, el periodista comprometido

En la educación de George Hogg, el tipo singular de hoy, ejerció una gran influencia su atípica familia materna. Devotos cristianos de creencias baptistas, daban gran importancia a la filantropía y los movimientos pacifistas. Una de las hermanas menores de su madre, Muriel Lester, fue una reconocida activista que recorrió el mundo dando charlas y organizando eventos sobre la paz mundial.
George, nacido en Londres en 1914, además de crecer imbuido por ese tipo de ideales, disfrutó de una educación exquisita. Primero, junto a su hermana Rosemary, en un colegio suizo, del que pasaron a St. George, cerca de Harrow, un destacado colegio privado británico con una característica inusual para la época: era mixto.
De allí pasó a Wadham College, una de las facultades de Oxford. En el verano de 1936, George recorrió Europa Central en autostop junto a sus compañeros de facultad.

Un año después, se graduó en la licenciatura conjunta de Filosofía, Políticas y Económicas (la misma carrera que estudió años más tarde, en la misma facultad, Bill Clinton).  Mientras le daba vueltas a su futuro, su tía Muriel Lester, íntima amiga de Ghandi y fiel seguidora de sus principios, le invitó a acompañarle en su próximo viaje a la India. Tenía que costearse el pasaje, y aprovechó para ello una pequeña herencia recibida. La primera escala fue en Nueva York, y decidió recorrer Estados Unidos haciendo autostop y reunirse con su tía en San Francisco. Una vez allí, partieron juntos hacia Japón.


En el país nipón, George aceptó una invitación para estudiar las cooperativas cristianas dirigidas por un doctor japonés, Tohohiko Kagawa, y se quedó en Japón mientras Muriel viajó a China. Su tía llegó a Shangai en febrero de 1938, y George llegaría sobre marzo. Fueron testigos de la ocupación japonesa de la ciudad, que provocaba un empeoramiento continuo de la situación: miles de refugiados, epidemias, escasez, etc...
Muriel prosiguió su viaje a la India, y volvió a Inglaterra pasando de nuevo por China, Japón y Estados Unidos, donde realizó un largo programa de conferencias en las que describió lo que había visto en China, denunció a los industrialistas y los magnates del petróleo que mantenían la maquinaria bélica japonesa y animó a las sociedades benéficas a enviar dinero y comida a China.
Mientras tanto, George permanecía en China. Como declararía su tía más tarde: "George no llevaría más de cinco días conmigo en China cuando me dijo, lo siento pero no podré acompañarte a la India. No puedo marcharme de China."


Quería empaparse de China, conocer la China real. Tenía que buscarse un trabajo, aprender el idioma y vivir con un sueldo pobre, al estilo chino. Consiguió hacer todo eso y mucho más. Fue encarcelado por los japoneses, puesto en libertad y vivió los bombardeos sobre la ciudad. A caballo, llegó a una base comunista, donde pronto enfermó de tifus y tuvo que ser trasladado a un hospital-cueva. Luego se unió a las Cooperativas Industriales Chinas. Las experiencias de George, los artículos que escribía, fueron publicados en el Manchester Guardian y en el suplemento literario de The Times. Al poco tiempo, fue nombrado director de una de las escuelas Baillie, que acogía a chicos de diferentes zonas de China para convertirles en personas autosuficientes y cooperativas, enseñándoles a trabajar con sus compañeros sin importarles clase social, religión o raza.
En la escuela de Shuangshipu instauró un horario que comenzaba con gimnasia y un baño diario en el río. Además de ir a clase, los chicos estaban divididos en grupos de trabajo que se encargaban de mejorar las instalaciones . Su tarea de director se combinaba con la de médico. "Más de la mitad de los estudiantes pensaban que era normal tener piojos", escribió George. Tuvo también casos de sarna, tracoma, disentería y malaria.
En su tiempo libre escribió un libro sobre el movimiento cooperativista. Consiguió sacar el libro de China y fue publicado por una editorial de Boston Little Brown, en 1944. Para entonces había adoptado a cuatro niños chinos: Lao Yi, Lao Er, Lao San y Lao Ssu. Tras seis años en China, estaba enamorado del país y de los chinos, pero desconfiaba de la nueva corriente de jóvenes intelectuales chinos que trataban con desprecio a los campesinos pobres y analfabetos. Según su opinión, "sólo los campesinos son honestos, porque son los únicos que sienten un vínculo para con la tierra que los vio nacer".
La guerra se acercaba. Un día un grupo de chavales llegó al colegio diciendo que la carretera de Paochi estaba llena de reclutas muertos, y cuando George preguntó de qué habían fallecido, el médico local le contestó: "De hambre".  
Se decidió que debían trasladar el colegio, para alejar a los escolares y los profesores de la guerra. Las tropas japonesas seguían avanzando, y George asumió el mando de la marcha: no solo tenía que trasladar a los estudiantes, sino también desmontar, embalar y transportar su preciada maquinaria y herramientas. Se llevaban un equipo de máquinas tricotoras llamado Ghosh para el que eran necesarios quince cajones enormes, un torno, un motor de camión, dos motores diesel pequeños y cuatro telares grandes. Dado que sólo tenían una carreta, tuvieron que construir más. Los escolares pusieron en práctica la formación recibida. A pesar de tener carretas y también camiones, se desplazaban muy lentamente. Les llevó cinco días atravesar 57 kms. por las montañas. "Era la peor época del año", escribió más tarde, "cruzamos las cimas de las montañas durante el invierno más frío desde hacía veinte años". El épico viaje, de cerca de 1.000 kms, les llevó casi cuatro meses.
Al llegar a Shandan, su destino, no tardaron en poner a punto tanto el colegio como la maquinaria, y George quedó muy contento con lo que encontró en el pueblo. Erigieron talleres y llegaron a un acuerdo con los habitantes de la aldea: el generador del colegio proporcionaría electricidad para todo el pueblo a cambio de carbón gratis.

 El colegio en la actualidad

Desgraciadamente, George no disfrutaría mucho de la nueva situación. Por lo visto, durante un partido de baloncesto se hizo una herida en el pie y contrajo el tétanos. Su sistema inmunológico estaba muy debilitado. Desde que llegó a China, había contraído la malaria, el tifus, la fiebre paratifoidea, el tracoma, la influenza y el ántrax. 
Falleció el 22 de Julio de 1945 y su tumba fue cavada por los estudiantes. Durante mucho tiempo, sus dos hijos adoptivos menores, Lao San y Lao Ssu, visitaban su tumba cada mañana y le llevaban la comida que más le gustaba. Allí permanece su sepultura, en la parcela del colegio de Shandan.
Conocí la historia de este tipo singular a través del film Los niños de Huang Shi, de Roger Spottiswood y protagonizada por Jonathan Rhys Meyers. No es una gran  película, y obviamente se permite muchas licencias, pero sirve para comprender la grandeza del personaje  y el mérito de la tarea llevada a cabo.
Para esta entrada, me he documentado fundamentalmente en la página https://bedia.files.wordpress.com.