lunes, 15 de diciembre de 2014

Poon Lim, el náufrago perfecto

Llama la atención que algunos tipos singulares llevaron una vida anodina hasta que, un suceso inesperado, unas circunstancias adversas, pusieron a prueba su extraordinaria capacidad para resolver situaciones aparentemente irresolubles. Esto nos lleva al viejo dilema, casi filosófico, sobre donde están nuestros límites o cual sería nuestra reacción en situaciones extremas. Supongo que no hay respuestas para ello, o en todo caso, la respuesta sería distinta para cada individuo.
Poon Lim, nuestro tipo de hoy, es un buen ejemplo de ello.  Nacido en 1917 en la isla de Hainan, en China, con 25 años se enrola en la tripulación del buque británico SS Ben Lomond, como segundo mayordomo en ruta desde Ciudad del Cabo hasta la Guayana Holandesa. Las malas condiciones metereológicas desviaron la ruta del buque hasta ser divisado por el submarino alemán U-172. 


El 23 de Noviembre de 1942, el mercante fue torpedeado y hundido a unas 750 millas al oeste del río Amazonas, en Brasil. Murieron 44 marineros, 8 tripulantes y el capitán. Poon Lim tuvo el tiempo justo de agarrarse a un salvavidas y después, nadar hasta una de las balsas de apoyo del Ben Lomond. Lo último que vio fue a 5 compañeros que se habían aferrado a un bote salvavidas ser capturados por los alemanes.
A partir de aquí comenzaría una odisea de 133 días que pondrían a prueba su capacidad de resistencia y su ingenio. La balsa, confecionada a base de listones de madera sobre bidones, contenía un pequeño kit de superviviencia con los siguientes elementos:
- Ocho latas de pequeñas galletas
- Un barril de agua de 20 litros
- 2 tabletas de chocolate
- Algunos terrones de azúcar
- Unas pocas bengalas, dos cuencos de aluminio y una linterna

 Recreación de la balsa
En la semana 2, divisó un avión por la noche. Disparó una bengala pero el avión pasó de largo. En la semana 4, tuvo un pequeño regalo en forma de una tela naval porbablemente resto del buque naufragado. Sin dudarlo, se lanzó al mar para poder capturarla. Le sirvió sobre todo para improvisar una especie de tienda de campaña que le protegiera de los rayos de sol que ya le estaban desgarrando la piel. Además, en un extremo de la tela venía atada una larga cuerda de cáñamo que utilizó para encadenarse a la balsa en los días de tormenta.
Según se le fueron acabando las provisiones, se aguzó su ingenio y fue desarrollando una colección de recursos que, a la postre, le servirían para sobrevivir. Para empezar, desmontó la inservible linterna y con una de sus piezas se fabricó un anzuelo. Con la cuerda de cáñamo como sedal, utilizó la última galleta como cebo. Capturó una pequeña sardina que a su vez sirvió de cebo para mayores capturas, y así sucesivamente. Con las tapas de los botes fabricó afilados cuchillos para destripar y limpiar los pescados y despegar los moluscos y lapas que se adherían a la balsa. Asimismo, funcionaban como cebo.
Una tarde, se adentró en un banco de peces tal que llenó la balsa literalmente de pescados. Puso a secar el pescado ya limpio, separando las vísceras, tripas y sangre en un rincón de la balsa. Tanto amontonó que la putrefacción consiguiente le obligó a deshacerse de las vísceras. Uno de los pocos errores que cometió, ya que provocó la llegada de una legión de tiburones que estuvieron rondando varios días, lo que espantó toda posible pesca, con la consiguiente crisis de hambruna, la más grave de la travesía.
Pero no se arredró. Sabía cual era la solución: pescar un tiburón. Con uno de los clavos de la estructura de la balsa, se ingenió un anzuelo más grande y resistente. La última cabeza de pescado le sirvió de cebo. Nada más lanzar el sedal, un tiburón de 1 metro mordió el anzuelo y de un tirón seco lo subió "a bordo".  Terminó con las tripas enlatadas, las aletas a secar y como refresco se preparó la sangre del hígado.
Tuvo otra crisis grave de deshidratación. Una vez acabada la garrafa inicial, Poon utilizó el doble forro de su chaqueta a modo de embudo con un peso y un agujero para conducir al interior de la garrafa el agua de lluvia. Hasta la semana 10, el ritmo de lluvias fue constante, pero después de una gran tormenta que acabó con sus reservas sólidas y líquidas, sobrevino una gran sequía que desencadenó la deshidratación. 
Pero de nuevo dió muestras de su ingenio. Observó como las gaviotas y los albatros merodeaban alrededor de la balsa, atraídos por la podredumbre. Recopiló algas y plantas marinas del fondo y las colocó a modo de nido de pájaro para atraer a las aves  mientras esperaba agazapado y oculto con los restos de la tela. En el momento que un albatros se posó en el nido, Poon se abalanzó sobre él, le cortó el cuello a dentelladas y chupó su sangre y se alimentó de sus carnes. Pronto volvió el ritmo regular de lluvias y pudo sobreponerse a esta crisis.
Una mañana de su semana 15, fue despertado por un fuerte silbato. Un inmenso carguero se aproximó a 50 metros de su balsa. Según declararía Poon más adelante, alguien se percató de su condición de chino antes de girar el buque y perderse en el horizonte.
En el colmo de la mala suerte, unos días antes había sido divisado por un escuadrón de cazas norteamericano, e incluso lanzaron una boya de señalización, pero una inoportuna tormenta les obligó a retirarse y se volvió a perder en la inmensidad del océano.
Sobre el día 130, observó que cambiaba el color del agua, lo que le dió nuevas esperanzas. Además, volaban muchos más pájaros y flotaban más algas. 
En la mañana del 5 de Abril de 1943, día 133, fue avistado por un pequeño barco pesquero. Le recogieron y permanecieron con él en el mar tres días más, ya que no podían volver sin capturas. Después se dirigieron al oeste de Belem, en la desembocadura del Amazonas. Había recorrido en su balsa 1200 km.


Pasó varias semanas recluido en un hospital de Brasil, antes de viajar a Nueva York donde fue recibido con todos los honores. El rey Jorge VI le concedió la medalla del Imperio Británico. Una vez obtenido un visado de inmigración gracias a la mediación del senador Warren Magnuson, se estableció definitivamente en Nueva York con hijos y nietos y murió en Brooklyn el 4 de Enero de 1991.
Aunque he consultado varias fuentes, la base del relato la he obtenido de la fantástica página www.kurioso.es.



 


 

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